Bienvenido Valentín

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La pequeña Blanca y el potrillo ‘Valentín’.

Aquella no sería una mañana cualquiera y así la recordarán siempre. Ignacio acudió a su cuadra como todos los días y encontró tumbado junto a su yegua un pequeño potrillo: por fin había llegado ese momento tan esperado, el milagro de la vida se había producido eran tantas emociones juntas!

Se quedó embelesado mirándolo y después de un rato se dio cuenta de que algo no marchaba bien. “El potro no podía levantarse, intenté acercarlo hasta la madre no sabía si había mamado pero era incapaz de sostenerse. Rápidamente llamé a Alejandro mi veterinario” Tras un primer examen allí mismo el diagnóstico no podía ser menos alentador: posible fractura de una mano y una pata, lo más probable es que la madre lo haya pisado. Inmovilización de urgencia de ambos miembros …y ahora, qué?

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Intervención de ‘Valentín’ en Córdoba. Imagen cedida por el Hospital Clínico Veterinario de la Universidad de Córdoba.

Cuando se tienen las cosas claras no se necesita tiempo para pensar. El único lugar donde podían tratar a Valentín (así decidieron llamarlo por la cercanía de su nacimiento con San Valentín) era el Hospital Clínico Veterinario de la universidad de Córdoba. Unas cuantas llamadas a él y allí los esperaban. Acondicionaron el van para trasladar al potrillo y a su madre, ésta tenía que amamantarlo era algo vital, y junto con un familiar Ignacio emprendió rumbo a Córdoba. Al llegar, un “ejército” de veterinarios y auxiliares nos esperaba: nunca había visto tantas batas verdes! me dice Ignacio.

El examen radiológico confirmó la doble fractura y un equipo encabezado por los cirujanos Andrés Fernández, David Argüelles y María Santisteban se pusieron manos a la obra sometiendo a Valentín a una intervención quirúrgica para la reparación de la misma. Fue todo un éxito tratándose de un potro neonato. Tuvo que permanecer junto a su madre allí dos meses más después de la intervención para vigilar su evolución.

…Y por fin regresó a casa! una “casa” (su cuadra) que apenas había tenido tiempo de conocer, donde le esperaba alguien muy especial: La pequeña Blanca.Ella solo le había visto en las fotos que les enviaban desde el hospital y a sus compañeros del cole les decía con su lengua de trapo que “Valentín está malito pero ya se va a poner bueno y va a venir” eso lo repetía a diario durante el tiempo que pasó su potrito en Córdoba.

Tuve la suerte de ser testigo de ese encuentro entre los dos: solo quería achucharlo, darle besos, curarle las heridas…

Ha pasado un año y Valentín no solo corre: vuela! Mira a todos los que están a su alrededor como si fuesen compañeros de juegos, viene a verte rápidamente, todo le llama la atención…Es ésta una historia de sacrificio, de luchar por lo que se quiere sin importar lo que cueste conseguirlo. Ignacio hizo lo que tenía que hacer, lo que le dictaba su corazón: “respeto las decisiones que otras personas hubiesen tomado en mi lugar pero yo lo tenía claro,no me enseñaron a rendirme,siempre hay que intentarlo hasta el final y así lo he hecho y volvería a hacerlo”

GALERÍA FOTOGRÁFICA

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